Editorial del número 3 de la Revista Observar

Fecha de publicación

2015-01-30T08:58:50Z

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2009

2015-01-30T08:58:51Z

Resumen

Algunos clásicos mantenían la idea de un ojo activo que se abalanzaba sobre los objetos. En muchos casos, la diferencia en las diversas formulaciones de esta teoría estribaba en el papel desempeñado por el medio interpuesto. Y no era cosa de poca monta: de su intromisión dependía que la acción del rayo ocular se produjese con mayor o menor fortuna; que llegase a la superficie del objeto o que alcanzase sólo las masas de aire circundantes, con todas las consecuencias en materia epistemológica que un hecho como éste acarreaba. Es curioso que, cuando los antiguos reflexionaban sobre el funcionamiento del ojo, lo hiciesen pensando en el sentido humano. Y la verdad es que, una vez extraída la presunta ingenuidad de su teoría del rayo ocular, sigue vigente lo fundamental: el ojo humano no sólo ve; también mira. El mirar es antes que nada dirigir el ojo hacia un objeto; casi ponerlo el ojo allí. Bien mirado, se trata de una transacción entre lo que se toma (de la cosa) y lo que se pone (en la misma). Pero esa avenencia es desigual: se pone más; por eso, el mirar es proyectar, un lanzamiento ocular de un plan de acción que sólo cobra cuerpo en el objeto.

Tipo de documento

Artículo


Versión publicada

Lengua

Castellano

Publicado por

Observatori sobre la Didàctica de les Arts (ODAS)

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OBSERVAR: Revista electrònica de l"Observatori sobre la Didàctica de les Arts, 2009, vol. 3, p. 1-4

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cc-by-nc-nd (c) Menéndez Varela, José Luis, 2009

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