2016-10-26T08:47:23Z
2016-10-26T08:47:23Z
2014
2016-10-26T08:47:29Z
A pesar de lo negativo de los procesos de homogeneización que genera, la globalización, al decir de Arjun Appadurai, es una 'máquina' o una 'tecnología' que colabora a ampliar nuestros horizontes aportando rutas para conectarnos con otras sociedades, otras gentes, otros pensamientos, no sólo a través de los media tradicionales o de las mediaciones electrónicas sino de lo que Appadurai llama 'experiencias mediadas', desde la del viaje y la migración hasta las derivadas del diálogo, es decir, las 'experiencias dialógicas'[1]. La globalización, deja de ser entonces un proceso externo abstracto, distante, que cambia constantemente de coordenadas e incluso puede generar pánico, y se convierte en un vehiculo - con componentes utópicos, ciertamente- que agranda y proyecta las expectativas y las aspiraciones locales. Es bajo este punto de vista, el de concebir la globalización no como un proceso a gran escala, sino de 'producción de localidad', la localidad de las 'nuevas minorías' planteadas por Appadurai, como entendemos esta proposición, más que exposición, sobre la memoria y la otredad, una otredad identitaria de la conflictiva vida cotidiana en el sentido social e individual, pero no aislada ni tan siquiera singular ni menos exótica ya que está conectada y, a la vez, es parte y consecuencia de las redes globales.
Article
Published version
Spanish
Art contemporani; Arts visuals; Globalització; Multiculturalisme en l'art; Contemporary art; Visual arts; Globalization; Multiculturalism in art
Universitat de Barcelona
Reproducció del document publicat a: http://revistes.ub.edu/index.php/REGAC/issue/view/946
Revista de Estudios Globales y Arte Contemporáneo, 2014, vol. 2, num. 1, p. 81-91
cc-by (c) Guasch, Anna Maria, 1953-, ed., 2014
http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/es